En este extraño tiempo de confinamiento y confusión

A menudo en el dojo encontramos difucultades. Dificultades con la postura, tensión, dolor corporal; dificultades en nuestra mente en forma de confusión, ansiedad, adormecimiento… Es entonces cuando repetimos aquello de «volver a los puntos esenciales de la práctica». Volver a los puntos esenciales de la postura: la espalda, las piernas, manos, boca… Volver una y otra vez a la base, a la «materia prima» con la que elaboramos esta práctica. Volver la atención hacia la respiración, dejar pasar…

Ahora que nuestra forma de vida se ve tan condicionada por las circunstancias, ahora que nuestra capacidad de acción, de movimiento se ve tan limitada ¿cómo podríamos mantener una actitud serena, una actitud en la medida de nuestras posibilidades de concentración, de presencia en el instante presente?

Aunque no hay respuestas fáciles a circunstancias tan excepcionales como las que estamos viviendo, sí que nos podemos inspirar en la práctica del Zen y llevarla a nuestro «campo de batalla» actual.

Ahora que este velo, esta inercia se cae ante nuestros ojos, podemos volver la mirada a las acciones más cotidianas y hacer de ellas una verdadera práctica.

Algo que puede ayudarnos, sin duda, es volver a los puntos esenciales de nuestra vida. Me refiero a esas acciones necesarias que llevamos a cabo en nuestro día a día empujados por una inercia casi mecánica. Ahora que este velo, esta inercia se cae ante nuestros ojos, podemos volver la mirada a las acciones más cotidianas y hacer de ellas una verdadera práctica.

No se trata de recorrer el espacio que hay de nuestro salón a nuestra cocina en lentos pasos, con las manos contra el pecho, imitando una especie de kinhin, no se trata de teatralizar nuestros movimientos o hacerlos más «Zen»; sino más bien de volver la conciencia, la mirada interior y la «presencia» hacia los aspectos más cotidianos, esos que hacen que nuestro día a día funcionen.

Desde lavar los platos, hasta ocuparnos de nuestros hijos o hijas, padres, el trato con los que nos rodean… ocuparnos de nuestro aseo, la preparación de la comida; estamos ante un magnífico laboratorio para poner en práctica aquello que repetimos en el dojo: volver a lo importante, a la esencia. Podemos, sin auto infringirnos ningún tipo de imposición, intentar abrir los ojos y el corazón a aquello que normalmente pasaría desapercibido en nuestro día a día. Podemos poner conciencia en cómo hemos vivido hasta ahora, cómo hemos construido nuestros hábitos y rituales y alumbrarlos claramente a la luz de la conciencia para hacerlos más plenos, para dotarlos de su significado original.

Buenas noches y buena práctica.

José Luis Kô Kon.

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