Alguien se ha tomado la molestia de crear una cuenta de correo electrónico en google para escribir una crítica para a continuación borrar dicha cuenta, para no dejar así opción alguna a una respuesta que, sin embargo, lanzo ahora al vacío en un simple ejercicio de expresión.

Por medio del formulario de contacto de nuestra web: www.zendoutrera.com alguien ha planteado la siguiente crítica de forma anónima:

«Esto es lo de siempre. Tus palabras son las de Rafu. Las de Rafu, de Deshimaru. Sin embargo, Deshimaru no tenía las de Sawaki. Él no estaba alienado. Deja de hablar de «los antiguos». Dais vergüenza. Tu Dharma es repetir lo que has escuchado mil veces en los kusenes. Palabras muertas y yermas que ya han perdido todo el sentido que tuvieran para alguien.«

Entiendo que debes conocer a nuestra sangha (comunidad de practicantes) a la que pertenece este dojo, así como a nuestro maestro Raphaël Doko Triet, al cual te refieres como Rafu. Entiendo además que debse conocerme también a mi, y por lo tanto sabes bien que gestiono esta web y los emails que se reciben. Y dado que al intentar responder a tu comentario me percato de que la cuenta (según me indica google) no existe, es decir, ha sido borrada, entiendo también que el hecho de que te hayas tomado tantas molestias es debido a que tu tranquilidad se ve perturbada por algún aspecto de nuestra forma de hacer o de expresarnos respecto a la práctica del zen o por alguna mala experiencia con nosotros (para tu ego); Una experiencia negativa a los ojos de tu mirada viva o muerta (todo es relativo).

Es por todo ello que me animo a lanzar esta respuesta al «vacío», con la sana intención de que tu enquistada perturbación alcance, por medio de los recursos invisibles del universo, algún tipo de respuesta sea o no de tu agrado.

¡Hola! Agradezco enormemente tu opinión.

Evidentemente no soy maestro. Solo soy un simple monje, y no de los más «avispados». Sin embargo te diré que las palabras son solo eso, palabras.

El hecho de considerar estas palabras vivas o muertas depende en gran medida de tus oídos (vivos o muertos). Como dice Raphaël: estas cuestiones nunca son solo en una sola dirección (lo siento, lo he vuelto a hacer. Repetir como un loro-zen las palabras de mi maestro).

«Dais vergüenza» nos dices. Habrás querido decir que doy vergüenza. Hablo, escribo y me equivoco en mi propio nombre, aún cuando a veces haga referencia a que soy discípulo de Raphaël, no lo metas a él o a otros en mi mismo saco. Resérvame el privilegio, ya que es a través de la web y del dojo al que pertenezco que contactas, de ser el portador de esa vergüenza que atribuyes indiscriminadamente, de ese error fatal en relación a tu escala de valores «dhármicos». 

A veces me he sentido como tú, enfadado/a con todo y con todos y en la cúspide de la pureza del Dharma, limpio, irrreprochable, inalcanzable por las palabras tan pobres comparadas con mi profundo saber. Nadie podía igualar entonces mi certera visión crítica y recta. Ahora sin embargo doy vergüenza (según tus ojos vivos o muertos), pero tampoco pienso que sea tan importante.

Me has animado a escribir, algo que no hacía hace tiempo, y has dado un poco de paz a tu perturbación lanzando un ataque directo y cobardemente anónimo demostrando un miedo infundado ya que, de haber podido responderte directamente y en primera persona, no habrías tenido nada que temer: las palabras son solo palabras, vivas o muertas.

Un afectuoso saludo.

Atentamente: José Luis Kô Kon, discípulo de Raphaël Doko Triet.