Nacido en Saga en el seno de una familia de samurais de abolengo, desde su infancia Taisen Deshimaru estuvo profundamente influido por la gran devoción profesada por su madre que era budista. Vivió con dolor la oposición entre el ideal religioso de su madre y el mundo materialista de su padre que, como hombre de negocios, quería que hiciera carrera en el terreno comercial. Pretendía resolver este conflicto y esperaba encontrar la paz interior en la religión. El budismo practicado por su madre no le satisfacía. Tampoco quedó satisfecho con el largo estudio de la Biblia realizado bajo la dirección de un pastor protestante. Al final, se apartó del cristianismo que en un principio le había atraído con fuerza, pero en el que, en su opinión, faltaba una dimensión práctica y estaba perdido en la abstracción poética.

A los veinte años Taisen Deshimaru inició los estudios de económicas. Decepcionado por la educación moderna, que descuidaba totalmente la dimensión espiritual, y siempre en busca del verdadero sentido de la vida, entró en contacto con las enseñanzas Zen rinzai. Durante una memorable sesshin en el templo Engaku-ji, en un zazen largo, un monje medio dormido le golpeó con el kyosaku en la cabeza. Entonces, impetuoso, Deshimaru le quitó el bastón y le arreó una tunda de golpes gritando: ¡Esto no es Zen!

Después fue a la habitación del maestro y le dijo: «No me gusta el Zen, quiero marcharme».

Entonces llegó el monje apaleado quejándose con vehemencia del escándalo provocado en el dojo.

El maestro se echó a reír: «Esto es el verdadero Zen».

Por último su búsqueda le condujo junto a Kodo Sawaki. Cuando se acercó al maestro éste, sentado en zazen, sin darse la vuelta, sin ni siquiera levantar la mirada, le dijo: «Esperaba su llegada con impaciencia».

Deshimaru se inclinó y desde entonces se convirtió en el discípulo de Kodo Sawaki a quién siguió fielmente sin por ello abandonar su vida en la sociedad. Al cabo de varios años, sintiendo cada vez con más fuerza las limitaciones de una vida rutinaria vacía de sentido, y, al mismo tiempo, impresionado por la gran libertad de su maestro, le pidió la ordenación de monje. Entonces Kodo Sawaki le dijo:

«Comprendo tu petición. Pero más vale que continuaras una vida activa en la sociedad mientras sigues con la práctica de zazen. Yo procuraré hacer de ti un gran monje. En mi opinión, en la mayoría de las comunidades religiosas se contentan con leer y recitar a lo tonto los sutras en un letargo perezoso; los monjes concentran toda su actividad de su espíritu en una realidad superficial. En aquel que se ordena monje, la ausencia del sentimiento mujo constituye una imperdonable mácula del espíritu. ¿Acaso no se ha ordenado monje para desapegarse de los tres mundos y comprender la naturaleza efímera de nuestro universo? Al vivir en un templo, hay que aceptar una existencia en la que los lazos del amor y de los deberes se han cortado y en la que lo justo y lo injusto han llegado a ser insignificantes. Estos «monjes» desprecian la práctica, no hacen zazen y, por lo tanto nunca alcanzarán el satori. Cuando no se les requiere para los servicios del templo, que ejecutan de forma mecánica, pasan el día en charloteos inútiles. Enmarañados en la rutina, viven como borrachos y morirán como soñadores. Todo lo que buscan es una vida apacible y sin preocupaciones. ¿Cuándo abrirán los ojos?».

Estos «monjes» desprecian la práctica, no hacen zazen y, por lo tanto nunca alcanzarán el satori. Cuando no se les requiere para los servicios del templo, que ejecutan de forma mecánica, pasan el día en charloteos inútiles. Enmarañados en la rutina, viven como borrachos y morirán como soñadores. Todo lo que buscan es una vida apacible y sin preocupaciones. ¿Cuándo abrirán los ojos?».

Paralelamente a sus actividades sociales y familiares, Deshimaru siguió practicando zazen con asiduidad junto a su maestro bien en el templo de Soji-ji en el que habían nombrado a Kodo Sawaki responsable del dojo, bien a lo largo de las diferentes sesshines a lo largo del país. Sólo cuando Estados Unidos y Japón entraron en guerra las circunstancias obligaron a maestro y discípulo a separarse.

Tras la guerra en la cual había sido combatiente, de vuelta a Japón, Deshimaru retomó la actividad de hombre de negocios y siguió practicando Zen con Kodo Sawaki. En su actividad profesional tuvo mucho éxito pero también grandes desengaños, mientras que su práctica constante se hacía cada vez más profunda.

A lo largo de esos años, poco a poco, se operó en él la síntesis de las contradicciones entre lo material y lo espiritual que le habían atormentado en su jueventud.

En noviembre de 1965 el maestro Kodo Sawaki, poco antes de su muerte, llamó a Deshimaru y le dijo: «Siento que voy a morir pronto. ¿Tú, qué vas a hacer? Tienes que tomar el relevo y transmitir la enseñanza de Bodhifharma. Ahora te voy a ordenar monje. En Japón el budismo ha perdido su vigor. Es necesario transplantar la semilla del verdadero Zen en una nueva tierra. Me gustaría que llevaras la verdadera enseñanza de Buda a Occidente». Tras enterrar las cenizas de su maestro, Deshimaru permaneció en zazen durante cuarenta y nueve día. De pronto su deseo de seer monje se había hecho realidad. Pero las últimas palabras de su maestro seguían siendo para él un koan que le atormentaría durante dos años.

En 1967 apareció la solución cuando un grupo de macrobiótica, de viaje en Japón, le conoció y le invitó a ir a Francia. Considerando que esta invitación era un medio de hacer realidad el deseo de Kodo Sawaki, confió en su hijo las responsabilidades familiares, zanjó sus asuntos y se ambarcó rumbo a Europa.

Tenemos que ir solos y andar solos siempre. Los que han alcanzado la meta pueden jugar en el camino del nirvana.

Yoka Gengaku

En julio de 1967, tras un largo viaje en el Transiberiano, Taisen Deshimaru llega a París a la estación del Norte: un simple monje zen, sin dinero, sin hablar francés. Trae consigo el kesa de su maestro. Taisen Deshimaru tiene ciscuenta y tres años. Alojado en la trastienda de un almacén de dietética, practica zazen todos los días y gana su humilde sustento dando masajes de shiatsu. A los que van a visitarle les regala poemas caligrafiados. Como Ryokan, como Kodo Sawaki, lleva la vida sencilla de un monje zen y da conferencias.

De la obra «Zen». Editorial Kayrós.