Soy útil, soy válido, y mi validez como ser humano se mide principalmente por mi capacidad de generar riquezas, divisas para otros. Si cumplo con este cometido tendré mi lecho para descansar y un trozo de pan duro…

Me afano diariamente en demostrar que mi existencia es apta para este sistema, apta para generar dinero para este sistema, apta para consumir cosas inútiles con el dinero que este sistema me asigna. Si el trabajo decae en la oficina,

limpio, si no hay limpieza hago como que limpio. Si no hay tarea me afano en hacer como que la hay y si la hay la hago rápido para poder pasar a otra tarea, y a otra, y a otra con la que seguir generando ganancias para este sistema y que este, me deje algo para comprar más pan duro con el que alimentar este cerebro estéril, este corazón desesperanzado, este cuerpo que, como decía el maestro Zen Kodo Sawaki: “quizás solo sirva en este mundo para hacer cagajones”.

¿Dónde está eso tan importante? ¿Dónde está lo que me preocupa; lo que te preocupa a ti también?

Debo vivir esta vida extraña de ¿ser humano? Compitiendo con otros ¿seres humanos?, para demostrar que mi existencia en realidad vale para algo.

Aquella afirmación tan utilizada de «tanto tienes, tanto vales» cobra un nuevo sentido para la mayoría de las personas de nuestra sociedad, esas que ya saben o, al menos empiezan a sospechar, que jamás serán prósperas, ricas o poderosas; esas que ahora se tienen que conformar con otra idea menos romántica dentro de su amado sistema consumista: tu valía en este mundo se mide a razón de cuánto tiempo vital puedes sacrificar en pos de un sistema que a cambio ya no te regalará una buenas vacaciones a pié de playa para seguir consumiendo, sino un humilde lecho y algo de sustento, el justo para no decaer en tu tarea de entregar tu vida estúpidamente para que otros sí consigan sus sueños (materialistas) también estúpidos.

Nos vendieron que con esfuerzo, tesón y trabajo duro podíamos conseguir todo aquello que ¿realmente necesitamos?… Y compramos -como buenos consumidores- ese producto que nos está saliendo defectuoso.

No tengo los índices de felicidad relativos a las personas que viven acomodadamente en lo material, pero sí que ya sabemos que el índice de felicidad de cualquiera de nosotros, que tratamos de seguir frenéticamente generando lo suficiente para vivir con dignidad, va cayendo a pasos agigantados mientras la pantalla de nuestro smmartphone no deja de avanzar a toda velocidad enseñándonos más y más mierda con la que anestesiar esta mente que busca una respuesta mientras la vida se nos escapa de entre los dedos.

Definitivamente hemos cagado en medio del camino y hemos metido la pata en nuestra propia mierda.

José Luis Kô Kon.

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