Un empresario que tenía que conseguir una gran suma de dinero escuchó una de mis charlas y llegó a la siguiente conclusión: “Lo que puedo, puedo; lo que no, no. Sencillamente haré con mi cuerpo lo que pueda, sin crearme preocupaciones innecesarias en la cabeza”.

Algunos monjes dicen: “En mi corazón llevo la cabeza afeitada” y dejan que les crezca el pelo. ¿En qué están pensando? Sólo cuando te afeitas la cabeza puedes saber cómo se siente uno con la cabeza afeitada. Sólo si te pones un chándal sabrás cómo se siente uno con un chándal. Por eso yo prefiero llevar el kesa.

El satori no se produce en tu cabeza. El satori se experimenta con el cuerpo. Significa colocarse en la postura del Buda. Lo que se llama “espiritual” hay que disfrutarlo con precaución. La práctica del zen ha de comenzar en el cuerpo.

Practicar significa llevar una vida religiosa.

La mente se expresa en el cuerpo, o mejor dicho, en la actitud ante la vida.

Extracto de El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos –Kodo Sawaki.

A menudo me encuentro con personas que hacen un refinado esfuerzo por demostrar interés por todo esto del budismo, el zen, la meditación y las pulseras tibetanas. Siempre dicen que quieren venir a practicar meditación pero nunca o casi nunca vienen.

Para demostrar su supuesta frustración tratan de alguna forma de justificarse ante mi, aludiendo a todo tipo de obstáculos y pretextos que les impiden venir al dojo: la familia, el trabajo, los horarios, la postura que es muy incómoda… Algunos incluso dicen sentir una total devoción por la meditación y por el budismo pero les resulta extremadamente insoportable el ritual, la ceremonia, las formas, es decir, lo externo. Estos últimos son esos a los que les espanta cualquier tipo de ritual que no sea el suyo propio.

Practicar el zen no es otra cosa que venir al dojo, sentarnos en meditación, hacer el samu -el trabajo consciente- y el fuse (el donativo, el don material). Entonces, si no vienes al dojo, no haces samu y no haces fuse simplemente no haces nada, no practicas nada.

 

Por mucho que desees demostrar que eres de «los nuestros», que eres budista que eres muy zen…

 

Por mucho que desees demostrar que eres de «los nuestros», que eres budista, que eres muy zen, por muchos libros que leas y por muchas estatuillas de buda que pongas en tu casa o en tu oficina si no vienes a practicar zazen, el samu y el fuse, entonces no eres más que otro adepto a lo superfluo. No significa que seas mala persona, esto no va de juicios morales, es solo que cansas con tanto interés vacío y con tanto postureo espiritual.

Siempre hay un punto de inflexión, un antes y después, pero si no das un paso al frente serás como esos que dicen tener «la cabeza afeitada en el corazón».

 

Solo cuando te afeitas la cabeza puedes saber cómo se siente uno con la cabeza afeitada.

 

Como dice Sawaki: «solo cuando te afeitas la cabeza puedes saber cómo se siente uno con la cabeza afeitada». Así que para experimentar no hay más remedio que entregarse a la experiencia, no queda otra.

Soy un monje un poco tonto. Intento hacer simplemente lo que veo hacer a mi maestro y a las monjas y monjes antiguos de la sangha: zazen, samu, fuse… En ese sentido soy bastante simple. Pero lo hago con este cuerpo, con estas limitaciones, cociéndome en mi propia realidad. En este sentido no imito a nadie, no negocio con nadie, soy yo conmigo mismo en la postura de buda. Por eso, cuando me preguntan ¿eres budista? contesto que sí. Mejor que otra cosa prefiero que me llamen eso.

Me tienes en muy alta estima si consideras oportuno justificarte ante mi por no hacer lo que en realidad hace un budista. Buscas mi aprobación para sentirte budista sin hacer lo que hace un budista, como el católico que piensa que con solo rezar un par de horas los domingos por la mañana se salvará del infierno eterno y eso, amiga o amigo mío, es una tontería y una pérdida de tiempo.

José Luis Kôkon

Monje zen y responsable del dojo zen de Utrera