El canto del inmediato satori, el Shodoka, compuesto de 78 poemas, está considerado como uno de los textos fundamentales del Zen. Comentado por el maestro Deshimaru, este es el primero de una serie de artículos sobre dicha obra que iremos publicando en nuestro blog.

No buscar la verdad,


no cortar las ilusiones,


pues comprendo claramente


que estos dos elementos


son Ku, sin forma.


Encontramos esta misma forma al principio del Shodoka, en el primer poema. Siempre queremos encontrar la verdad, liberarnos de las ilusiones. La mayoría de las religiones enseñan esto. A veces los que empiezan a hacer zazen me dicen: «no consigo cortar las ilusiones ni alcanzar el satori«. Estos dos términos son idénticos, ilusión y verdad son una sola cosa, el mismo círculo. Hay persona inteligentes que tienen buena memoria pero son incapaces de crear, de tener individualidad propia. No pueden ser más profundas. Receptivas a la sabiduría de los demás, se dejan influenciar por los discursos de todos como si carecieran de inteligencia. Son incapaces de crear su propia sabiduría y siempre siguen buscando a diestra y siniestra.

Hemos de comprender que es inútil ir a buscar a otra parte. La verdad está ahí mismo, aquí y ahora, en nosotros mismos. Si no seguimos siendo como niños que quieren chocolate y que , cuando ven un muñeco en los brazos de otro niño, quieren el muñeco…, después un caramelo…, después otra coas, cambiando sin cesar. La sociedad de consumo pone en marcha el mismo procedimiento, queremos una cosa bonita, n bonito coche, una mujer guapa… Después, el perpetuo cambio.

En el Sutra del Loto está escrito: «la verdad está muy cerca, el verdadero tesoro se encuentra justo al lado, ni es complicado ni está lejos… pero somos incapaces de verlo». El verdadero Dios, el auténtico Buda existe en nuestro espíritu, pero lo buscamos muy lejos. Queremos el satori, establecemos categorías y terminamos por caer en el infierno. ¿Por qué vamos a parar al infierno? Porque imaginamos un mundo utópico u lejano como el espejismo del hombre en el desierto. Nos acercamos y ya no hay nada, sólo viento y arena: eso es el infierno. El éxtasis también resulta semejante a este estado. Queremos escapar de allí donde estamos, no queremos permanecer aquí y ahora. Pero, cuando hemos cambiado, echamos de menos lo que teníamos antes, y ahora nos parece como un paraíso perdido. Andar siempre buscando crea un enorme sufrimiento. La verdadera paz, la tranquilidad de espíritu está ausente de ese deseo, deseo de cambio… de ganar cada vez más, en el amor, en los negocios…, de lograr la iluminación.

Evidentemente el dinero es necesario, práctico. Pero liberarse de él, en lo más profundo del propio espíritu, aporta verdadera paz. La verdad no es una categoría. Cuando más queremos encerrarla en una categoría, más se aleja.

(…) Solo la certeza de la muerte no es un sueño: iremos a nuestro ataúd un día u otro, lo único sobre lo que no podemos equivocarnos. La vida nos conduce inexorablemente a la muerte… Así que no hay que sufrir a causa de la verdad ni de las ilusiones

De la obra «El Canto del inmediato Satori». Traducido y comentadop or Taisen Deshimaru Roshi. Editorial Kayrós.