Shu jo muhen sei gan do
Bon-no mujin sei gan dan
Ho mon muryo sei gan gaku
Butsu do mujo sei gan jo

Los seres son innumerables, hago voto de liberarlos a todos.
Las ilusiones son inagotables, hago voto de hacer que cesen.
Las puertas del Dharma son ilimitadas, hago voto atravesarlas todas.
La Vía del Buda es infinita, hago voto de hacerla realidad (comprenderla).

Los sutras, expresan no tanto algo por realizar, por producir, sino algo que «ya es»…

José Luis Kô Kon

El Shigu seigan mon, el breve sutra se recita 3 veces seguidas normalmente al anochecer, durante la práctica de meditación (zazen) de la tarde. Se podría decir que representa a grandes rasgos el ideal de la práctica del bodhisattva; la expresión verbal de una aspiración que conlleva a su vez la búsqueda del propio despertar y la de todos los seres sensibles, puesto que ambos son considerados un mismo camino sin separación posible.

Normalmente los sutras han sido comprendidos en su aspecto más superficial, es decir, como mantras que adquieren algún tipo de poder transformador a través de la repetición. Se entiende de esta forma que al repetir el mantra se produce un efecto en nuestra mente, una vibración que además se expande influenciando a todo «lo externo». Sin embargo, según mi propia experiencia y también a base a mi opinión, los sutras son más bien el efecto y no la causa. Me refiero a que los mantras, los sutras, expresan no tanto algo por realizar, por producir, sino algo que «ya es», una aspiración, una forma de vivir, un ideal, una práctica que ya está en proceso y que nosotros materializamos y expresamos de esta y otras muchas formas.

Muchas y muchos practicantes de la meditación Zen han coincidido en expresar que todo cuanto fueron descubriendo de esta tradición les sonaba en algún u otro momento como familiar; como un aroma, un recuerdo muy lejano que despertaba. Yo mismo sentí esto igualmente en mis primeros años de práctica, una cercanía que aún hoy no puedo explicar pero que «es». La sensación de algo grabado en lo más profundo de mi corazón, que de extraño, especial y misterioso se revela con el paso de los años como algo natural.

De forma que al recitar estos votos, al igual que otros sutras y mantras no hacemos si no «reafirmar» y expresar aquello que ya es, que está.

Los seres son innumerables, la ilusiones inagotables, las puertas del Dharma ilimitadas y la Vía del Buda infinita… De esta forma se expresa lo ilimitado, aquello que no debe cesar, aquello que no tiene un punto de partida y un punto de llegada:.

«Las ilusiones son inagotables, hago el voto de hacer que cesen… «

¿Cómo se puede hacer el voto de hacer cesar algo que es inagotable? Esta paradoja un poco incómoda para las mentes demasiado racionales, nos conduce, como casi todos los tratados y enseñanzas Zen, a un callejón sin salida (para la mente), a un punto en el que debemos abandonar el deseo de control, de comprensión superficial, el deseo de saber que hay una certitud, un fin, una meta a la que llegar. Aún cuando las ilusiones son inagotables hacemos el voto de hacer que cesen; hacemos el voto de seguir practicando, clarificando, armonizándonos con nuestra aspiración profunda sin importarnos el resultado, la meta el fin, pues el camino en sí es el propio fin.

-Habrá ampliación-

José Luis Kô Kon, responsable del dojo Zen de Utrera.

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