Reconozcámoslo, has pasado de nivel. Sí, puede que no hace mucho estuvieras en eso de «dejar la mente en blanco», pero eso ya pasó, ya es historia, ahora solo es una pequeña mancha en tu impecable historial espiritual. Ahora estás en la evolución, has dado un salto cuántico –que venga alguien a explicarme qué es eso-, has superado tus viejos dilemas, tus antiguas ilusiones y desde allá arriba ya puedes ver todo un poco más claro, más luminoso. Ahora estás en la fase «transforma tu mente para transformar tu realidad». ¡Ahí es nada! Y como del enunciado se puede deducir tú tienes el poder de crear tu vida, de transformar realmente tu mente y de procurarte a ti y a todos los demás felicidad, luz de pura conciencia y también, por qué no, todas esas cosas materiales que ya no pueden atraparte porque sabes demasiado pero a las cuales tampoco renuncias…

Ahora estás en la fase «transforma tu mente para transformar la realidad».

Engulles libros, consumes más y más información sobre budismo, taoísmo, yoga, constelaciones familiares, reiki, eneagrama, taichí, acupuntura, cursos de milagros, Chopra, Osho, Cuencos sanadores, flores, mindfulness, talleres, videoconferencias, seminarios web, terapia, retiros, tantra, homeopatía, astrología, simbología, un poquito de meditación semanal y el cigarrito de después: ¿Qué puede salir mal?

Si sigues comiendo comida masticada por otro vas a enfermar. Ese alimento ya no tiene esencia, no tiene prāṇa, está vacío de sabor, de frescura…

Tu confusión no te deja ver que en realidad no estás transformando tu mente, ni estás transformando la realidad porque a la realidad y a tu mente le importan un pito toda la información que te metas en el neocórtex.

Kodo Sawaki decía: Siempre llevamos encima nuestras propias opiniones y éstas nos dominan constantemente. Si conseguimos desembarazarnos de ellas, seremos uno con el universo, uno con Buda.

Nuestras propias opiniones cambian de aspecto, de adornos, pero siguen siendo nuestras, únicas y personales. En todo esto de transformar tu mente para transformar tu realidad también intervienen tus propias opiniones. Si no ¿qué demonios habría entonces que transformar?

Dejar de imitar en todo a otros que están, al menos, tan perdidos como tú.

Deja de imitar a en todo a otros u otras que están, al menos, tan perdidos como tú; pero saben disimular mejor. Han tenido la habilidad de saber construir un personaje mejor que el tuyo y por eso ahora los sigues, y coges los escupitajos que sueltan por la boca y te los metes en la tuya con la esperanza de pillar algo, un poco solo de «eso» que tú crees que los hace especiales, diferentes, libres. Esas enseñanzas prometidas para transformar de una puñetera vez tu mente y transformar así de una puñetera vez tu realidad. Ese poder, sí, poder. Solo deseamos poder para crear una vida ¿a la medida de nuestro ego?

Fíjate en qué andamos. No aceptas tu mente, no aceptas tu realidad, ¡no te aceptas a ti misma o a ti mismo!. ¿Significa que tienes carta blanca para seguir haciendo lo que te dé la gana?

El verdadero poder que he descubierto en mi vida no es poner todo mi empeño en transformarla para hacerla más favorable a mis intereses -por muy loables que estos sean-, sino el poder de renunciar, aceptar e integrar como el humilde monje estúpido, pretencioso y perdido que soy. También he descubierto el poder de aclarar, armonizar, descubrir mi verdadera sabiduría, como el ser humano consciente, lleno de luz y libre que también soy.

A mi no me merece ya la pena pretender imitar a otros para intentar domesticar una vida que se me escapa, estoy más en eso de disfrutar la que tengo con sus sombras y luces… ¿Y tú?

José Luis Kô Kon.