¿Qué es el Zen?

Ante todo una práctica meditativa

Si alguien pregunta qué es el verdadero Zen, no hace falta que abráis la boca para explicarle. Mostrad todos los aspectos de vuestra postura. Entonces el viento de primavera soplará y hará que se abra la maravillosa flor del ciruelo.

Daichi Sokei

Zazen: simplemente sentarse…

El Zen es simplemente sentarse, el Zen es simplemente zazen. Para muchos el Zen es una religión de Asia entre otras muchas. Sin embargo, incluso si se ha desarrollado en el seno de una de las más antiguas tradiciones budistas, es como el agua viva que brota siempre fresca, sin cesar renovada. Siempre es actual, siempre vivo, se recrea en cada instante. El Zen no es ni un razonamiento ni una teoría ni una idea, no es un conocimiento que tenga que ser comprendido por el cerebro, sino una práctica: zazen, la exacta postura sentada. Recreación de uno mismo y comprensión del verdadero yo, sin austeridad ni mortificación, éste es el verdadero acceso a la paz y a la libertad. La auténtica revolución se orienta hacia el interior de nuestro espíritu, se engendra por la práctica del Zen, profunda sabiduría a cuya esencia no podemos acceder sólo por medio del pensamiento lógico.

El Zen no es otra cosa que la práctica de zazen. Zen significa comprender la esencia; za, sentarse sin moverse, como una montaña

Sicomprendéis que zazen es la Gran Puerta de la Ley, seréis semejantes al dragón cuando penetra en el agua o al tigre cuando regresa a lo más profundo de su selva

Dogen Kigen

Los tres pilares del Zen

La postura. Empujar el cielo con la cabeza

Para practicar zazen hay que sentarse en un cojín (zafu), con la piernas cruzadas en la postura del loto o del medio loto, también es posible, si encontráis alguna dificultad, sentaros en la postura del cuarto de loto. La pelvis está basculada hacia delante de forma que las rodillas se apoyen en el suelo. A partir de esta base se endereza la columna vertebral, se empuja el cielo con la cima de la cabeza. La barbilla metida, la cabeza derecha, los hombros relajados. La mirada baja. La extremidad de la lengua se coloca sobre la parte delantera del paladar. La mano izquierda sobre la mano derecha, con las palmas hacia arriba. Las extremidades de los pulgares se tocan y están en prolongación uno del otro. Las dos manos colocadas sobre los muslos están en contacto con el abdomen.

De esta manera se crean las condiciones para la total inmovilidad. Sentados en esta postura, nos concentramos en la respiración. Cada detalle de la postura tiene un profundo significado. Las partes del cuerpo son interdependientes e influyen unas en otras. Gracias a la gran estabilidad de la postura es posible permanecer largo tiempo inmóvil. De esta manera, el ser humano deja de actuar como ser humano y deja que penetre en él la vida cósmica.

La respiración. El mugido silencioso.

Durante zazen la respiración juega un papel primordial. Es tranquila, imperceptible y estable con ritmo lento y potente pero natural. La respiración es larga y profunda. La inspiración surge naturalmente. Es más corta que la espiración.

Durante zazen el ritmo respiratorio y el ritmo cardíaco se reducen; la sangre y los órganos internos están mejor oxigenados. Esta aspiración, que ejerce un empuje hacia abajo sobre toda la masa abdominal, provoca un masaje interno y desarrolla una gran energía a nivel de la cintura, de los riñones y de las cadera. El que practica zazen luego puede mantener esta respiración durante la vida cotidiana ya que el cuerpo termina por adoptarla inconscientemente. Los Maestros comparan a menudo la respiración Zen con el mugido de una vaca o con la espiración de un niño que grita al nacer. La inspiración corta y la espiración larga y potente son signo de fuerza y vitalidad. Si la respiración en buena todo en la vida se vuelve fácil. Y como el cuerpo y el espíritu están unidos, una respiración profunda barre las complicaciones de la mente.

La actitud del espíritu. Dejar pasar.

De la misma manera que la respiración adecuada sólo puede surgir de una postura correcta, la actitud del espíritu se deriva naturalmente de una profunda concentración sobre la postura y sobre la respiración.

En zazen, las imágenes, los pensamientos, las formaciones mentales surgidas del inconsciente pasan como sombras delante de un espejo y se desvanecen naturalmente. Al no alimentar pensamientos personales, aparece la conciencia hishiryo, más allá del pensamiento. Este estado no es un estado de conciencia especial sino la vuelta a la condición original.

Al no intentar alcanzar la verdad ni cortar las ilusiones, la conciencia universal se manifiesta naturalmente. Gracias a la práctica de zazen se puede comprender que todos los pensamientos son sólo contenidos vacíos, desprovistos de sustancia real, que van y vienen. De esta forma uno se percata de que existe una conciencia intuitiva original, radicalmente diferente a la conciencia habitual del yo.

La meditación Zen. (Dojo Zen de París).

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Para iniciarse en la práctica de zazen es recomendable hacerlo con algún practicante antiguo, con algún monje o bodhisattva con cierta experiencia en la práctica meditativa. Al dar los primeros pasos confiando en alguien así, podemos evitar caer en las redes de nuestra propia mente siempre ávida de estímulos e imaginación.

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