El zen es zazen, la meditación

ENSEÑADA POR BUDA

Uno de los mayores peligros para la práctica espiritual en nuestros días es esa inercia inconsciente por tomar cualquier actividad ya sea religiosa o no, y convertirla en un producto más con el que poder comerciar. Lejos de esta actitud, zazen, la meditación zen, consiste simplemente en sentarse con total libertad, más allá de cualquier idea de provecho o beneficio, desechando cualquier intento de aferrar o rechazar cualquier cosa, sea lo que sea.

Se dice que la práctica del zen se sustenta en tres pilares fundamentales -postura, respiración y conciencia-, a los cuales me gusta añadir un punto a mi juicio muy importante: la perseverancia. Dado que la práctica de la meditación es una experiencia viva, ¿cómo podríamos no continuarla inspirando así día a día nuestra existencia y ayudando a los demás? Ese es precisamente el própósito de la practica en un dojo, en la ciudad, el integrar esta práctica en nuestra vida cotidiana para el bien de todos los seres.

José Luis Kô Kon

Monje zen, responsable del Zendo Utrera

Los puntos esenciales de la meditación zen

La postura. Empujar el cielo con la cabeza

Para practicar zazen hay que sentarse en un cojín (zafu), con la piernas cruzadas en la postura del loto o del medio loto, también es posible, si encontráis alguna dificultad, sentaros en la postura del cuarto de loto. Si aún así, debido a cualquier impedimento no se puede adoptar la postura, es posible practicar en una banqueta o en última instancia en una silla. La pelvis está basculada hacia delante de forma que las rodillas se apoyen en el suelo. A partir de esta base se endereza la columna vertebral, se empuja el cielo con la cima de la cabeza. La barbilla metida, la cabeza derecha, los hombros relajados. La mirada baja. La extremidad de la lengua se coloca sobre la parte delantera del paladar. La mano izquierda sobre la mano derecha, con las palmas hacia arriba. Las extremidades de los pulgares se tocan y están en prolongación uno del otro. Las dos manos colocadas sobre los muslos están en contacto con el abdomen.

De esta manera se crean las condiciones para la total inmovilidad. Sentados en esta postura, nos concentramos en la respiración. Cada detalle de la postura tiene un profundo significado. Las partes del cuerpo son interdependientes e influyen unas en otras. Gracias a la gran estabilidad de la postura es posible permanecer largo tiempo inmóvil. De esta manera, el ser humano deja de actuar como ser humano y deja que penetre en él la vida cósmica.

La respiración. El mugido silencioso

Durante zazen la respiración juega un papel primordial. Es tranquila, imperceptible y estable con ritmo lento y potente pero natural. La respiración es larga y profunda. La inspiración surge naturalmente. Es más corta que la espiración.

Durante zazen el ritmo respiratorio y el ritmo cardíaco se reducen; la sangre y los órganos internos están mejor oxigenados. Esta aspiración, que ejerce un empuje hacia abajo sobre toda la masa abdominal, provoca un masaje interno y desarrolla una gran energía a nivel de la cintura, de los riñones y de las cadera. El que practica zazen luego puede mantener esta respiración durante la vida cotidiana ya que el cuerpo termina por adoptarla inconscientemente. Los Maestros comparan a menudo la respiración Zen con el mugido de una vaca o con la espiración de un niño que grita al nacer. La inspiración corta y la espiración larga y potente son signo de fuerza y vitalidad. Si la respiración en buena todo en la vida se vuelve fácil. Y como el cuerpo y el espíritu están unidos, una respiración profunda barre las complicaciones de la mente.

Sin embargo debemos propiciar esta respiración naturalmente, sin intentar controlarla o forzarla, ya que esto sería muy poco beneficioso para nuestra práctica. Por ello lo ideal es iniciarse en la meditación con algún practicante experimentado y acudir asiduamente al dojo para poder conocer profundamente nuestra respiración.

La actitud interior. Dejar pasar

De la misma manera que la respiración adecuada sólo puede surgir de una postura correcta, la actitud del espíritu se deriva naturalmente de una profunda concentración sobre la postura y sobre la respiración.

En zazen, las imágenes, los pensamientos, las formaciones mentales surgidas del inconsciente pasan como sombras delante de un espejo y se desvanecen naturalmente. Al no alimentar pensamientos personales, aparece la conciencia hishiryo, más allá del pensamiento. Este estado no es un estado de conciencia especial sino la vuelta a la condición original.

Al no intentar alcanzar la verdad ni cortar las ilusiones, la conciencia universal se manifiesta naturalmente. Gracias a la práctica de zazen se puede comprender que todos los pensamientos son sólo contenidos vacíos, desprovistos de sustancia real, que van y vienen. De esta forma uno se percata de que existe una conciencia intuitiva original, radicalmente diferente a la conciencia habitual del yo.

A esto es a lo que el maestro Taisen Deshimaru llamaba «naturalmente, automáticamente, inconscientemente…».

Kin Hin. Caminar consciente

El Kinhin es un caminar lento, al ritmo de la respiración, que nos enseña a concentrarnos aquí y ahora yendo hasta el final de cada respiración, de cada acción. Las manos se colocan con la derecha envolviendo a la izquierda, y esta a su vez cerrada envolviendo al dedo gordo, perpendiculares al plexo solar y a continuación de los antebrazos que permanecen durante todo el tiempo paralelos al suelo.

A cada inspiración avanzamos medio paso, colocando ambas plantas de nuestros pies bien firmes en el suelo y, al espirar, depositamos el peso corporal suavemente en la pierna adelantada, concentrandonos en la raíz del dedo gordo de dicho pié.

Es una práctica que se realiza habitualmente entre sesiones de zazen y no se debe tomar como una especie de «descanso». Ayuda a desentumecer los músculos y a practicar la concentración durante el movimiento de nuestro cuerpo, lo cual integra plenamente quietud y movimiento bajo la atenta mirada de un espíritu claro y tranquilo.

Si alguien pregunta qué es el verdadero zen, no hace falta que abráis la boca para explicarle. Mostrad todos los aspectos de vuestra postura. Entonces el viento de primavera soplará y hará que se abra la maravillosa flor del ciruelo.

Daishi Sokei

Maestro zen