La Vía es fundamentalmente perfecta; lo penetra todo.¿Cómo podria depender de la práctica y la realización?

La totalidad del ser, el Cuerpo Universal está más allá del polvo del mundo. ¿Quién podrá creer que existe un método para limpiar este polvo?

El gran todo ni está separado, ni es distinto de esto, siempre está ahí donde estamos, siempre es exactamente lo que es, entonces, ¿para qué ir a practicar a otro lugar?

Sin embargo, si se crea una mínima separación, por ínfima que sea, la Vía permanece tan distante como el cielo de la tierra. Si manifestamos la menor preferencia o aversión, la mente se extravía en la confusión (…)

«Fukan Zazengi», para la difusión universal de los principio del Zen del maestro Dôgen Zenji.

Esta nueva temporada, dadas las circunstancias actuales, las sesiones de meditación zen –zazen– pasarán a ser por la mañana. Esto, a pesar de nuestra pereza y siendo consecuentes con las circunstancias de cada uno, representa una valiosa oportunidad de profundizar un poco en nuestra práctica a la vez que nos puede regalar una perspectiva totalmente nueva y fresca del día a día.

Naturalmente, con una mente fatigada, invadida continuamente por estímulos, llena de incertidumbre, cansancio, una mente que duerme a menudo con una pantalla delante… una mente llena de sí misma puede hacer que nos cueste vencer por la mañana ese primer impulso, ese primer «asalto» que supone el levantarnos para acudir al dojo.

Esa «mínima separación» de la que habla Dogên tiene que ver con la duda, con esa fracción de segundo en la que le damos tiempo a nuestro ego para medir, reaccionar, elegir…

Tal y como dice el maestro Dôgen «la Vía es fundamentalmente perfecta» más, si se crea una mínima separación permanece alejada como el cielo insondable. Esa pequeña separación, esta grieta se da cada mañana, cuando me levanto para practicar en casa. El subconsciente, empapado por el sueño, se resiste a dejar la comodidad de su oscuridad. El cuerpo pesa (a veces) y un pequeño gesto auto-complaciente puede dar al traste con el comienzo de una mañana radiante, clara y llena de energía. En el momento en el que dudo, ¿me levanto, no me levanto? O me digo a mi mismo: tampoco pasa nada, por un día… en ese momento la Vía se aleja de mí como el cielo de la tierra. Es a través de la duda como mi yo-perezoso se resigna a seguir acomodado en su círculo vicioso.

Esa «mínima separación» de la que habla Dogên tiene que ver con la duda, con esa fracción de segundo en la que le damos tiempo a nuestro ego para medir, reaccionar, elegir… esa duda por la que le concedemos el regalo de la elección: ¿me levanto, no me levanto? ¿Voy o no voy?

Si por el contrario nos levantamos directamente sin pensar, sea como sea que hayamos dormido, sea como sea que nos hayamos despertado, entramos en el ámbito de la no elección. Hacer lo que debe hacerse sin dudar. Y ya ahí, antes incluso del zazen, obtenemos una gran plenitud y una gran libertad, algo se activa positivamente en nuestras células, en nuestro cerebro profundo, en nuestro corazón, sintiéndonos en armonía con el propósito que alguna vez nos condujo a la meditación.

El maestro Raphaël Doko Triet nos dice: «cada día, con el maestro Deshimaru íbamos al dojo por la mañana temprano, sin dudar. Deshimaru siempre hacía sampai delante de la estatua de Buda, pero advertía a sus discípulos: yo no hago sampai para la estatua de Buda, lo hago para vosotros. Y continuaba: el hecho de estar aquí juntos practicando zazen es el fruto, la evolución natural de un muy buen karma».

La duda en relación a ciertas circunstancias vitales puede ser beneficiosa. Cumple un papel pedagógico e incluso terapéutico. En la práctica del zen es todo lo contrario. Levantarnos sin dudar, sentarnos en zazen abandonando todo propósito, toda elección. Cultivar este arrojo, esta firmeza suave y profunda, como el samurai (espiritual) valeroso y responsable de sí mismo. Abandonar el mundo de la ilusión, del inconsciente, del sueño…

Sin imposición, suavemente, adaptándonos a nuestro ritmo, armonizándonos, con el trabajo, la familia… pero con decisión. Si realmente queremos despertar ¿cuándo despertaremos sino aquí y ahora? Este es el propósito de crear un dojo, de practicar la meditación. Dedicar un tiempo y un espacio a «domesticar al buey», a abandonar lo que creemos ser para abrirnos a nuestra verdadera naturaleza.

Que así sea, así será, así es…

José Luis Kô Kon.

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