Palabras del silencio. Dojo zen de Utrera, 4 de mayo de 2024

Ayer hablábamos sobre la idea de la liberación, la iluminación, el despertar y todas esos conceptos que -a mi entender- erróneamente tomamos como una meta, como un objetivo.

 

Y digo esto porque el zen que se nos enseña no es una herramienta o un entrenamiento en el que esforzarnos para obtener un objetivo, o un resultado, sea cuál sea éste. Si comprendemos esto, comprendemos que simplemente hacemos lo que hemos venido a hacer, tanto en este momento en particular aquí, en el dojo, como en nuestra existencia.

Cuando reconocemos profundamente el sentido de nuestra existencia entonces los condicionamientos, los obstáculos, el karma se transforma en herramientas útiles

 

Cuando reconocemos profundamente el sentido de nuestra existencia entonces los condicionamientos, los obstáculos, el karma se transforma en herramientas útiles, en maestros, en ingredientes necesarios para nuestro propósito vital, que nada tiene que ver con el determinismo de creer en un destino escrito.

 

Podemos reflexionar serenamente sobre esto no con nuestra cabeza, sino con nuestro hígado, con nuestro estómago, con nuestras rodillas… sin dejarnos atrapar por la resignación. A través de nuestra postura atenta.

 

A veces, por mi trabajo, la creatividad, el diseño… he formulado que la creatividad no consiste en inventar cosas completamente nuevas, sino en crear cosas distintas con los mismos elementos. Con los mismos colores, los elementos gráficos, con el mismo tipo de papel, con los mismos ingredientes crear nuevas composiciones… Esto es venir a hacer lo que hemos venido a hacer, cultivar la creatividad para la transformación de lo que ya existe y a través de lo que ya existe.

 

Los condicionamientos, las circunstancias vitales, todo eso lo observamos como cadenas, pero enfocándolas desde el lugar adecuado y combinándolas sirven para nuestro propósito vital llegando a ser en muchos casos imprescindibles.

 

Como recibir los preceptos. Como coser un kesa…

 

Usar los condicionamientos, las circunstancias y combinarlos de forma apropiada también significa recibir los preceptos,  la ordenación. Agarrar el momento, fluir con la oportunidad también es recibir los preceptos. Cultivar la paciencia cuando es necesario, también es recibir los preceptos. De la misma forma coser un kesa es usar los «trozos» de tela a nuestra disposición, combinar telas ya usadas o cortadas para crear una nueva dimensión espiritual o religiosa en nuestra existencia.

 

Dogen dice en el Shobogenzo: es preferible recibir los preceptos y luego romperlos que no recibirlos.

 

Cuando leemos esas palabras como si las hubiésemos escrito nosotros, o como si observásemos los lunares de nuestra propia piel, entonces eso significa que debemos recibir los preceptos o que si ya los hemos recibido fue sin duda lo correcto.

 

Algunas personas reciben los preceptos por primera vez, otras, simplemente los actualizan existencia tras existencia. Eso es venir a hacer lo que tenemos que hacer.

 

Mirar esas palabras como si mirásemos los lunares de nuestra piel

 

Tensar la espalda, relajar los hombros, también es recibir los preceptos. Tener paciencia es recibir los preceptos. No se trata solo de uno o dos años de práctica, ir a retiros y finalmente presentarnos a la ordenación.

 

Cuando no hay meta, nacer es comenzar en el camino de recibir los preceptos. Es difícil de verbalizar y difícil de comprender. Recibir lo que no es tangible, lo que no se puede explicar.

 

Los obstáculos y los condicionamientos bajo la luz de esa energía, de esa aspiración se convertirán en los preceptos mismos, en la actualización de los preceptos.

 

Es preferible recibir los preceptos y romperlos, decía el maestro Dogen. De alguna forma nos dice que esa energía nos guiará sutilmente en las sucesivas existencias de forma que los obstáculos y los condicionamientos bajo la luz de esa energía, de esa aspiración, se convertirán en los preceptos mismos, en la actualización de los preceptos.

 

Cuando las causas maduran, cuando la ordenación se manifiesta aparece el maestro, aparece el templo, el dojo, las compañeras y los compañeros de la Vía. Aparecen las circunstancias apropiadas y somos capaces de verlas. Es entonces cuando los condicionamientos, las circunstancias, el karma se transforma pasando de ser obstáculos a herramientas útiles para el despertar.

 

Por medio de nuestra postura adquirimos la sabiduría para saber cuando tensar, cuando aflojar. Cuando tener paciencia o cuando agarrar la oportunidad sin dudar. Todo está en nuestra postura, en nuestra respiración.

 

Aprendemos a fluir con la corriente. Observar la corriente, abrazar la Vía, todo eso es recibir los preceptos, actualizar los preceptos, ofrecer los preceptos. Crear los preceptos. Abandonar los preceptos. Es eso, exactamente, hacer lo que hemos venido a hacer.

José Luis Kô Kon

José Luis Kô Kon

Monje zen y responsable del dojo zen de Utrera