Alguien del dojo pregunta:

A veces tengo tiempo de leer, durante el descanso de mis obligaciones y a veces aparece la expresión «búsqueda de la Vía», «comprensión de la Vía». Y no lo llego a entender. Podrías arrojar un poco de luz a esto. Gassho.

¡Estimado amigo!

Espero que sigas bien y que con el pasar de los días, extraños y en confinamiento para la mayoría de nosotros, tú que sigues en el trabajo puedas estar encontrando la armonía entre tanto frente abierto: Familiar, laboral, social…

En cierta ocasión, no recuerdo ahora bien dónde, leí un bello texto que me causó una gran impresión. Cuenta cómo en el tiempo de Dogen (aproximadamente, no recuerdo bien el contexto histórico) una joven cortesana que trabajaba como asistenta de una rica familia feudal del Japón quizo hacerse monja y seguir a un maestro al cual había conocido. Impresionada profundamente por su enseñanza, -seguramente al escuchar un sermón o simplemente verlo sentado en zazen– le urgió a darle la ordenación de monja para poder unirse a la Vía; se manifestó así una búsqueda, la de la Vía, el camino de realización, que moraba en su interior oculta tras sus circunstancias sociales.

La cuestión es que rápidamente el maestro rehusó darle la ordenación de monja aludiendo a este motivo: Aún cuando su motivación era visiblemente sincera, la joven era de una belleza inigualable, por lo que al adoptar la vida monástica podría causar sin duda alguna muchos problemas entre los hombres de la sangha (la comunidad) e incluso entre las mujeres; podría despertar involuntariamente pasiones, envidias y distraer a los demás de su práctica arrastrándolos aún sin desearlo a dispersarse por el exceso de deseo, la avidez sexual o las emociones (descontroladas).

La joven desconsolada se refugió en su cuarto llorando ante aquella respuesta. Entonces contempló la plancha con la que arreglaba las ropas de sus señores y cuando comprobó que estaba al máximo de su temperatura la poso sobre su rostro. Tras este hecho fue aceptada como discípula y ella, nada descontenta con su nuevo aspecto, compuso este bello poema:

Antes, en la corte, para pasar el tiempo encendía incienso. Ahora, para alcanzar la Vía, enciendo mi propio rostro.

Espero que comprendas el sentido metafórico de esta historia (aunque puede que sea real). Y espero que no tengas en el momento de leer estas palabras una plancha demasiado a mano. Jeje.

La búsqueda de la «Vía», la comprensión de la «Vía», es la búsqueda de ti mismo, de tu verdadera naturaleza humana y la comprensión de dicha naturaleza, más allá de la autoimagen o de las proyecciones mentales basadas en la creencia de una entidad fija e inmutable. El Zen, la meditación, la ceremonia y todo esto que envuelve nuestra práctica son las herramientas, los vehículos para conducirnos en ese camino de descubrirnos como parte de esta realidad abierta, infinita y vibrante.

Un afectuoso saludo, con el anhelo de que podamos volver a practicar juntos.

José Luis Kô Kon.