Última entrada del año.

A veces pienso que nuestra vida es como la madera que se consume en las ascuas del tiempo. Cuando hay madera hay fuego, combustión, calor, energía. Cuando se consume la madera solo quedan cenizas y un poco de humo. Es el misterio de la transformación continua e inexorable de cada fenómeno.

Es fin de año. 2020 se consume en sus últimos rescoldos para dar paso, metafóricamente, a un nuevo año. En las ciudades y pueblos todos armamos un gran escándalo, preparamos cenas y vino (en la mayoría de casos) y celebramos el cambio de año. Nos contagiamos de un cierto nerviosismo. No sabemos por qué, pero nos contagiamos de ese halo de «momento especial» que como tal debe ser preparado, mimado y celebrado con toda su solemnidad.

Sin embargo, si tuviese que explicar como monje qué es vivir acorde a la práctica budista en mi vida cotidiana, lo haría aludiendo precisamente a ese «momento especial».

Preparar cada alimento por simple que sea, por pobres que sean los ingredientes como si fuese fin de año, cuidando concentradamente cada ingrediente, cada detalle con ese halo de momento irrepetible, crucial, especial. Cuidar, mimar cada detalle. Propiciar un buen ambiente con los que me rodean… Ofrecer lo mejor de mi casa a mi familia, a mis invitados, a mis amigos. Según lo entiendo, la práctica budista tiene mucho que ver con esto: cuidar, vivir, experimentar cada momento cotidiano como un momento especial simple y serenamente.

El Covid-19 es un ingrediente más en este guiso vital en el que nos cocinamos lentamente, un ingrediente de «aprendizaje» que, usado con sabiduría puede ayudar a este guiso a madurar a la lumbre de este fuego vital que nos anima.

Mientras haya madera hay guiso. Mientras haya madera es un momento especial en cualquier circunstancia, en cualquier momento. No dejemos pasar este momento presente eterno y especial sin poner la atención que merece. Ahora, durante este fin de año como mañana, como cualquier día cuidemos el instante presente como un momento especial e irrepetible.

Con mis mejores deseos. José Luis Kô Kon.

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