Imagen: Photo by David Monje on Unsplash

«Nunca sabemos dónde, sobre la hierba del camino, caerá nuestra vida de gota de rocío».

Dôgen

,El Ju Undo Shiki, «Las indicaciones para la sala de la nube densa», es el quinto capítulo del Shôbogenzo, la obra fundamental del budismo zen de Eihei Dôgen.

Shobogenzo.

Sho significa correcto, verdadero.

Bo, significa Ley. Proviene del sánscrito Dharma: lo obvio, lo que es; la verdadera realidad de todas las existencias.

Gen: se refiere al ojo. Pero no tiene nada que ver con el nervio óptico.

Shobogen: Verdadero ojo del Dharma, visión correcta de la realidad tal cual es.

Y por último Zo que significa tesoro, almacén, el lugar donde se preserva, donde se guarda el tesoro de la visión correcta. Tomando el significado de «correcto» como exacto, profundo, verdadero.

Este Shôbogenzo, el tesoro del verdadero ojo del Dharma, cuyo capítulo Ju Undo Shiki voy a comentar, no es el resultado de una reflexión intelectual o filosófica, sino la expresión de una experiencia viva, profunda, real. Una experiencia asequible a todos los seres humanos que se ha transmitido de generación en generación a través del linaje de la tradición Soto Zen. Es decir, este tesoro del verdadero Dharma es la expresión de zazen en sí misma.

Ju Undo Shiki, sala de la nube densa. Este era el nombre de la sala de meditación (del dojo) de Kanondorikosho Horinji, el primer templo fundado por Dôgen en el año 1233.

Shiki significa reglas, forma de hacer.

El fin último de estas reglas, de estas indicaciones, no es aleccionar ética, filosófica o moralmente a los estudiantes del Zen. Dôgen Zenji trata, por el contrato, de dibujar un mapa, una guía útil y exacta para que sus estudiantes y las generaciones venideras se sirvan de él como referencia, cada cual en su propia búsqueda.

Para explicarlo podríamos poner como ejemplo un maestro escultor que trata de enseñar la técnica correcta a sus alumnos y alumnas. Éstos, con el tiempo, integran profundamente esta técnica mediante la práctica continua para, llegado el momento, olvidarla y poder crear así, naturalmente, sus propias obras de arte.

En esta práctica, zazen, aquí y ahora este cuerpo, esta mente, este ser-siendo es a la vez el escultor y lo esculpido.

En este Ju Undo Shiki Dôgen dice: Ahora es justo el momento de practicar como si tuviésemos que apagar un fuego en nuestros cabellos. ¿Acaso no nos arrepentiremos de dedicar este tiempo a distracciones ociosas? Es difícil confiar en aquello de lo que no hay constancia y nunca sabemos dónde, sobre la hierba del camino, caerá nuestra vida de gota de rocío. Perder este tiempo sería lamentable.

Tarde o temprano, de una u otra forma, la impermanencia nos golpea a cada uno de nosotros. De una u otra forma tomamos conciencia de la fragilidad de nuestra existencia. por eso Dôgen expone: ¡es difícil confiar en aquello de lo que no hay constancia! Es difícil confiar en la impermanencia de todos los fenómenos.

Ahora es justo el momento de practicar como si tuviésemos que apagar un fuego prendido en nuestros cabellos. El viejo maestro nos urge a concentrarnos durante zazen, a no tratar de escapar, de evadirnos… No debemos entretener los pensamientos es mejor dejarlos pasar.

Nunca sabemos dónde, sobre la hierba del camino, caerá nuestra vida de gota de rocío.

La sutil exactitud de estas palabras me conmueve. Inspira algo muy real pero delicado. nuestra existencia, como la gota de rocío, toma esta forma por un breve espacio de tiempo pero lo aceptemos o no esta forma, este montón de carne y de huesos, volverá inexorablemente a la «no forma», que es su fuente original.

Entonces, ¿cómo no practicar como si tuviésemos que apagar un fuego en nuestros cabellos?

Esto no significa tener que estar las veinticuatro horas del día sentados en zazen. Pero al menos en el dojo, donde podemos dejar las preocupaciones, el ir y venir del mundo, la búsqueda incesante de estímulos, deberíamos dirigir nuestra mente resueltamente hacia el asunto fundamental. Deberíamos practica con la misma resolución que si tuviésemos que apagar un fuego en nuestra cabeza.

Con la práctica continuada de la meditación zen podemos luego integrar la esencia en todos los ámbitos de nuestra vida. Como decía Taisen Deshimaru: naturalmente, inconscientemente, automáticamente.

Dôgen continua en el Ju Undo Shiki: Los miembros de la sala deberían armonizarse como la leche y el agua y deberían promover incondicionalmente entre ellos la práctica de la verdad. Ahora estamos como invitados y anfitriones, pero en el futuro seremos para siempre patriarcas budistas.

Ahora estamos como invitados y anfitriones. Como antiguos y principiantes, como maestros y discípulos pero con el tiempo todos nos convertimos en patriarcas budistas. Todos somos semejantes al abandonarnos a la postura exacta de zazen. Todos olvidamos todo y nos fundimos en la respiración. Esta es, más allá de las pomposas palabras, la esencia de la expresión «volverse un patriarca budista». Volverse un patriarca budista es practicar como si tuviésemos que apagar un fuego en nuestros cabellos.

Esto es lo que se hace en un dojo, en un templo, en los espacios y las salas para zazen de todo el mundo.

Al respecto Taisen Deshimaru decía: El dojo es el lugar donde se enseña y se practica el Dharma. Dharma es, al mismo tiempo, la ley cósmica que gobierna el mundo y la enseñanza de Buda. Para poder recibir el Dharma nuestra individualidad debe dejarle sitio.

Esto es muy importante. Muchas personas piensan que olvidar su propia individualidad es someterse, perderse a sí mismo. Pero ¿qué es esta individualidad? ¿Un montón de pensamientos, de tendencias inconscientes, de deseos…? Esta individualidad tiene una función, es una herramienta, no un fin en sí mismo.

Deshimaru continúa: Seguir las reglas del dojo significa seguir la Vía. Gracias a la repetición de la práctica la comprensión se vuelve más profunda y así podemos comprender el sentido, el significado de las formas, del ritual. Estas reglas, sin formalismo, sin dogma, ayudan a crear un ambiente fuerte y armonioso. Al reunirnos en el dojo con amigos espirituales para practicar el gran y precioso zazen, no podemos olvidar este lazo, más profundo que los vínculos terrestres que nunca son eternos.

 

Nunca sabemos dónde, sobre la hierba del camino, caerá nuestra vida de gota de rocío.

Hay algo muy sutil y delicado tras estas palabras. Para nada oscuro o pesimista. Algo natural, algo que es así, que está en armonía con el universo. Algo que da sentido a Bodaishin, el espíritu del despertar.

Las personas siempre buscamos lo complicado, lo misterioso. Pero en la visión del zen todo es obvio, natural.

Dejemos que caiga la gota de rocío en cada espiración. No se trata del futuro, aquí y ahora nuestra vida cae a cada instante. Alumbrar esto es alumbrar el asunto esencial de nuestra existencia y movernos con libertad guiados por esta visión.

Bajo la luz de esta visión debemos ser capaces de soltar lo que debe ser soltado. Los problemas, las complicaciones se vuelven más ligeras, menos importantes. Uno mismo se vuelve menos importante, como la delicada gota de rocío.

Qué así sea, para el bien de todos los seres.

 

José Luis Kôkon.