Dojo zen de Utrera. Zazen matinal,
sábado 23 de febrero de 2024, 19:30 H.

 

Ayer hablaba de el equilibrio entre los opuestos, de cómo se complementan para formar un todo y de cómo, esos mismos opuestos no permanecen siempre en la misma posición.

Hoy lo expreso de esta forma:

«A veces suave, a veces duro,

a veces, en cambio, ambos a la vez…»

 

Siempre queremos elegir, definir, etiquetar. El yo, quizá, necesita fijar su identidad a través de la ilusión de la continuidad. Sin embargo las cosas no siempre son tan fáciles de definir, sino que a veces las cosas, las circunstancias, los fenómenos se manifiestan de forma suave, otras se pueden manifestar de forma dura y otras simultáneamente, es decir, de forma suave y dura a la vez.

Miríadas de fenómenos se manifiestan de la forma más diversa y no permanecen igual de un instante a otro…

 

La expresión, «a veces», significa que en realidad nunca podemos saber con exactitud, no podemos esperar con seguridad que ocurra de una u otra forma. La expresión «a veces» significa que las cosas simplemente se dan; miríadas de fenómenos se manifiestan de la forma más diversa y no permanecen igual de un instante a otro.

Ayer también comentaba (aquí en el dojo) que hay que ser valiente para confrontar con eso, con uno mismo, con el hecho de despertar, de darnos cuenta de que las cosas se manifiestan de muy diversas formas sin permanecer iguales de un instante a otro. Hay que ser valiente para profundizar en las propias oscuridades, para ir al trasfondo del teatro de nuestra existencia. Pero debemos tener en cuenta que sin miedo no puede existir valentía.

La valentía existe solo gracias al miedo. A mayor miedo, mayor valentía, por ello no debemos rechazar el miedo, pero tampoco apegarnos a él.

En muchas ocasiones en el zen se usa la expresión «no-miedo», pero tenemos que comprender el significado de esta expresión en su totalidad: ni miedo, ni no-miedo. Es igual que la postura de zazen, no nos apegamos a la tensión ni tampoco a la relajación, no nos quedamos fijados en un solo extremo. «Bailamos» suavemente desde la inmovilidad entre las distintas posturas sin apego y sin rechazo. Esto no significa que el apego o el rechazo no aparezcan, pero la cuestión es qué hacemos con ello, cómo afrontamos todo eso con paciencia y con la observación justa.

El silencio depende íntimamente del sonido. El sonido pertenece a la esencia del silencio

 

Respecto a la cuestión de la simultaneidad y del apego y del rechazo hay personas, por ejemplo, a las que les gusta el silencio. A otras personas en cambio el silencio les perturba, necesitan el sonido, el ruido continuo para de alguna forma no escucharse a sí mismos. Pero si lo pensamos detenidamente el uno depende del otro y se interrelacionan irremediablemente, ¿no es así?

Puesto que el silencio, el sonido, la tensión, la relajación, etc… dependen íntimamente el uno del otro, en realidad la elección de uno u otro estado, la identificación con una u otra forma, con uno u otro extremo simplemente no es más que una ilusión.

 

Luego, en el día a día, claro que tenemos que elegir. Pero en el hondo, en la raíz no existe elección y esta no-elección no tiene nada que ver con el determinismo, sino que se basa en la visión de que no somos algo independiente y aislado del resto de seres y de fenómenos.

De alguna forma, por ejemplo, gracias a esa no-elección hemos venido al dojo esta mañana. De alguna forma es una decisión que estaba tomada en lo más profundo de nosotras y de nosotros mismos. Hemos sido valientes al salir del confort de nuestra cama, en un día en el que no trabajamos, en el que por lo general no tenemos demasiadas obligaciones. Gracias a nuestro miedo hemos podido encontrar esa valentía para venir, una vez más, a sentarnos en total silencio en el dojo.

Nuestra ignorancia es la verdadera fuente de nuestro despertar

 

La pobreza, la carencia incentiva la creatividad, la capacidad de generar los recursos que necesitamos para vivir. El miedo hace surgir la chispa de la valentía. De igual forma el adormecimiento, la ilusión, nuestra ignorancia es la verdadera fuente de nuestro despertar.

Zazen es despertar a todo esto; comprender por nosotros mismos, con la totalidad del cuerpo y de la mente, más allá de la arraigada tendencia a intentar crear continuidad donde solo existe ese «a veces».

A veces suave, sin apegarnos a la suavidad. A veces duro, sin apegarnos a la dureza. A veces suave y duro a la vez, es decir, más allá de lo suave y de lo duro, más allá de la elección.

José Luis Kô Kon

José Luis Kô Kon

Monje zen y responsable del dojo zen de Utrera